La experiencia que hoy queremos compartir contigo es, con mucho, la propuesta más loca que nos han hecho. Por supuesto que dijimos que sí, sin pensarlo, a la primera. En Finca Casa de Oficios nos encanta la naturaleza, las plantas, las flores… y también los animales. Es fácil ponerse en la piel de la novia que te pide que su mascota participe de su gran día. Pero, ¿os imagináis cómo nos quedamos cuando nos confirmó que serían cerca de cuarenta?

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No eran perros, ni gatos, ni canarios. Esta novia madrileña que nos eligió para una fecha tan especial es una amante de la vida submarina, buceadora profesional, como su pareja y, nadie se sorprenderá al saber que conoció a su futuro marido debajo del agua. Estaba claro que los peces tenían que estar allí.

 

La logística de una locura en Finca Casa de Oficios

Por supuesto, la principal preocupación de la novia, y la nuestra, era garantizar la máxima seguridad de sus pezqueñines. Ella se encargó de la elección del servicio de transporte que trasladó su impresionante acuario de su domicilio al centro del lugar elegido para degustar el menú de boda en nuestra casa y, una vez aquí, todo estaba preparado. La luz adecuada, la alimentación eléctrica y todo lo necesario para que estos inesperados asistentes pudiesen estar lo más a gusto posible y participar, a su manera, de la celebración.

Pero, de todos los peces y especies diferentes que ella reunía en su acuario, había ocho a los que cuidaba y mimaba con especial cariño, los que el novio le había regalado cada aniversario de estar juntos. Se trataba de ejemplares muy vistosos y variedades muy raras, joyas para los entendidos. Y nos propuso que también fuesen testigos del sí quiero.

La cuestión es que ya había decidido que la ceremonia se llevase a cabo en el exterior de la Finca Casa de Oficios, así que, como trasladar el acuario no sería una buena idea, decidió:

  • Buscar ocho peceras redondas, el modelo más básico de cristal.
  • Bordear el camino hasta el altar con ocho soporte de un 1,20m de altura donde colocarlas.
  • Que una persona de confianza se ocupase puntualmente, y justo antes de que la novia hiciese su entrada, de trasladar a estos ejemplares del acuario a una pecera individual.
  • Que ocho de sus amigas llevasen las peceras hasta su lugar, precediendo a la novia en su paseo hacia el altar.

Ni que decir tiene que el asombro de los invitados fue evidente y que la idea encantó a todos, sobre todo a los más pequeños. Para evitar una luminosidad excesiva que pudiese afectar al bienestar de sus mascotas, se eligió una zona del jardín de la Finca Casa de Oficios donde a la hora de la ceremonia la sombra está garantizada. Y, nada más que los novios, ya convertidos en marido y mujer salieron, los peces protagonistas volvieron a su acuario… a contarles a los demás que ya era oficial.